sábado 10 de mayo de 2008

CONCLUSIONES DE UNA CITA

“Pude haberme enamorado de ti, era fácil hacerlo, eras tal vez lo más cercano a mis fantasías, pero por sobretodo habías sido la persona más afín a mí ....” así iniciaba la carta que le escribí a Rolando un día después de haberlo conocido y haberme dado cuenta de que no todo es tal cual como se pinta.
Nos conocimos por Internet, como gran parte de la gente que ahora lo hace, mantuvimos una relación amical por un tiempo prudente hasta que decidimos conocernos personalmente, nos habíamos visto por fotos y Rolando me parecía muy atractivo. Sin embargo, lo que más me gustaba de él era su facilidad de palabra, sus ganas de vivir la vida a cada instante, su personalidad independiente y su voz oída recién por el teléfono antes de pactar la cita. La noche anterior a ella, no pude dormir bien, tenía miedo, el normal cuando uno se va a enfrentar a lo que se piensa será “él”, pero igual estaba muy feliz de por fin conocer a quien en su momento había despertado mis ganas de seguir adelante en el camino que la vida me había deparado, a pesar de que sabemos que siempre estaremos caminado por la ruta “prohibida”, “equivocada”, “sin rumbo”, o como se quiera llamar al camino de búsqueda de nuestra propia felicidad.
Narrar el encuentro casi y no vale la pena hacerlo, empezando que Rolando no era tal cual estaba en la fotografía, era él sin duda, pero con menos pelo y más peso, bueno, a mí casi y eso no me importó, total yo tampoco soy un modelo de portada. Una vez frente a frente en la mesa del restaurante escogido, inicié la conversación partiendo de lo que ambos sabíamos el uno del otro, y de pronto saltó la razón por la Rolando no se veía igual que en la foto, tenía cinco años más de lo que me había dicho. Pero nuevamente eso no me importó, más aún pensé, “mejor, así estaré con alguien que sabe exactamente lo que quiere en la vida”, pero a medida que las palabras fluían me iba dando cuenta cuán diferentes éramos, que lo que sabía de él no era ni la décima parte de lo que estaba escuchando y peor aún, sentía que para Rolando simplemente yo era una estadística más entre los muchos “amigos” que tenía por Internet, peor cuando conversando nos dimos con que hasta teníamos “amigos comunes”, situación totalmente incómoda y hasta patética.
Entonces fue cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo de mi vida, la había puesto tontamente a disposición de cualquier gente en una serie de palabras escritas en una página web, gracias a ella había conocido a varios hombres; salido con tres de ellos en menos de un mes y darme cuenta que no era así la manera de encontrar lo que estaba buscando. Mientras tanto, Rolando seguía haciendo alarde de su buena fortuna con los hombres, incluso tuvo la osadía de confesarme que su siguiente cita sería muy cerca de donde estábamos almorzando y que se trataba de alguien “más joven y más guapo” (hasta ahora no se si refería a mí o a él). Definitivamente, el castillo de naipes que me había creado de esa posible relación se caía pieza por pieza y eso me daba una sensación de un vacío enorme. Fue justamente en ese instante en que di por terminada una cita que no debió suceder, que lo mejor hubiera sido dejar pasar el tiempo conociéndonos más para pensar siquiera, en ser amigos, pero en ese momento, ya todo estaba dicho, sólo quería regresar a casa, quizá llorar de rabia o de impotencia, pero salir inmediatamente del lugar.
Una vez en casa, no lloré porque pensé que no valía la pena hacerlo, menos por alguien como Rolando. Tomé el teléfono y llamé a mi mejor amigo y con la voz entrecortada le pedí que saliera conmigo esa noche, necesitaba sentir el calor de alguien querido a mi lado y él logró calmar mi rabia pero más mi frustración.
Diez días antes había salido con un chico bastante menor que yo, me sentí raro al hacerlo, porque estaba más acostumbrado a estar con gente de mi generación, pero Arturo, así se llamaba él, fue como un catalizador para mí, me hizo notar que a pesar de los años, uno puede tener un diferente destino, gracias a él me di cuenta que la vida me había tratado con dulzura pese a mi condición de “diferente” y por el contrario todo se me había hecho muy fácil; su vida al lado de la mía si era miserable. En cambio, salir con Ángel, el otro de los tres, había sido diferente, haberlo hecho fue como querer darme ánimos a mí mismo, pues este prospecto era como a mi me gustaban los hombres: altos, blancos, fornidos y guapos, pero con la mala suerte de encontrarme con alguien sexualmente igual a mí, primer obstáculo que no dudé en menospreciar al principio, pero cuando hubo un acercamiento no me gustó para nada saber que tomaría un solo papel en la relación. Lo pasé bien, no lo puedo negar, pero no me veía en ese rol para siempre.
Y así era mi vida veleta, recorriendo caminos en la búsqueda de lo que creía ya haber encontrado. Me inicié muy joven, casi un niño y justamente fue con otro niño igual que yo que me di cuenta que no era igual a mis otros amigos, con mi gran compañero de aventuras, que era mi vecino, duré casi ocho años, llegando a pasar juntos la etapa más difícil de todo hombre, la pubertad, Rony, hijo de alemanes era para mí mi mundo adolescente, nos separamos no por dejarnos de querer (amar no lo creo) sino porque me mudé de casa, había ingresado a la universidad y me había propuesto tener una vida diferente. Sin embargo nuestra despedida fue realmente bella, dos hombres de 16 y 15 años totalmente desnudos tendidos en una cama, amándose como locos sabiendo que esa sería la última vez. Hoy Rony tiene una hija y otra vida diferente, muy lejanos están aquellos recuerdos que se quedarán así por el resto de nuestras vidas; solo en la memoria.
Mis años en la universidad fueron quizá los cinco más héteros que tuve en mi vida; un bloqueo total de mi sexualidad; con la esperanza de que encontraría el camino hacia una vida familiar; pero no fue así; ni bien terminé la carrera mis instintos me llevaron a tratar de reencontrarme a mí mismo encontrando nada más que a un hombre que había perdido cinco años importantes; la juventud efervescente. Pero no lo pasé mal; me divertí mucho; y hallé a quien hoy es la mejor de mis amigas.
Fue entonces que descubrí que alrededor de mi vida había un mundo gay girando a gran velocidad; un mundo al que ingresé el día en que dándome ánimos entré por primera vez a un sauna gay; pero ese ya es tema para otra crónica.
Por ahora solo puedo concluir que a veces las malas experiencias son las mejores en materia de aprendizaje; Arturo me ayudó a agradecer a la vida por lo afortunado que había sido; Angel me levantó los ánimos; después de todo alguien hermoso se había fijado en mí; pero la mejor lección fue la de Rolando que me enseñó a no dejarme llevar por las palabras bonitas y a enamorarme a ciegas pero por sobretodo a mejorar la descripción de lo que realmente quería para mí en mi aviso de la página de internet!!! :)
(Escrito por Oberón)

jueves 1 de mayo de 2008

EL AMOR LO ES TODO

El amor lo es todo, el amor esta alrededor tuyo
El amor está allí, en tu sonrisa, en tus cabellos,
el amor fluye en todas partes
El amor lo es todo, el amor siempre será la ley
Y hay un amor más grande que nos irradia a todos, a todos
Love is all – Per Gessle
Y así debía ser, todos unidos por un amor supremo que acabe con tantas bajezas humanas. Pero a veces lo malinterpretamos y se fomentan creencias, se construyen prejuicios que anidan en el fondo de nuestros corazones y en algún punto pueden salir a flote causándonos mucha angustia.
Conocí a Víctor mediante un amigo en común. Ambos coincidimos en visitarlo un día y pues, así empezó todo. Tenía una apariencia bastante varonil, simpático aunque por momentos algún ademán delatador.
La pasamos muy bien esa tarde y al caer la noche nos despedimos del dueño de casa y salimos. El vivía a unas cuadras y yo bastante más lejos. Pero me acompañó “cierta distancia” a tomar el bus, luego unas cuantas cuadras más para seguir conversando y otras tantas hasta que al final llegamos a mi casa.. ¡caminando!
Hablamos de muchísimas cosas. Él era adventista al igual que toda su familia y participaba activamente en las actividades de su iglesia pues era cantante y difundía la música cristiana en todas las sedes de su iglesia. Al principio pensé que era como estar en el coro de una iglesia católica pero luego me di cuenta que era algo más grande. Cantar era su vida, había grabado un par de discos en forma profesional y su participación dentro de la iglesia adventista había traspasado las fronteras peruanas. Constantemente tenía presentaciones en diferentes templos en toda la ciudad y también había temporadas que viajaba a otras ciudades.
Cabe decir que fue mi primera pareja en el sentido más formal. Sí, aquella persona a la que le preguntas si quiere estar contigo, ser tu enamorado y con la que compartes detalles lindos. Yo ya tenía cierta experiencia pero sólo en relaciones fugaces, de un encuentro, en donde la satisfacción de algún ímpetu era lo esencial. Así que con Víctor mis intenciones eran otras. Quería conocer a la persona, su alma, su esencia, lo físico vendría después. Me cubrí, entonces, con un barniz de castidad y se lo dije directamente. Vamos a conocernos en otros niveles, lo sexual vendrá después, le expliqué. Para mí era relativamente fácil pues, como repito, había tenido mis aventurillas. Él no. Así que mi castidad en barniz se vio disuelta por la bencina de su arrechura virginal contenida por años en el lapso de una semana.
Todo iba de maravilla. Nos veíamos todos los días, a pesar de mis exámenes de la universidad me escabullía un ratito para estar con él. En eso estábamos cuando me anunció un gran evento en su iglesia. Venía un pastor que andaba de gira, mismo Miguel Bosé, a dar sus sermones o prédicas en diversas sedes de la ciudad y él era parte importante de todo eso pues sus cantos de alabanza convertían a cualquiera y hacían querer alejarse del mal hasta al más infame pecador.
Me invitó a escucharlo cantar una noche. Ya había tenido mis sesiones privadas en mi habitación y en la suya donde me había impresionado con su voz, pero esta vez era en público. Yo había visto templos adventistas grandes y muy bonitos pero al que fui era chiquito y rústico en un barrio lúgubre. Pero como el amor no repara en riesgos, allí estuve. Su presentación era siempre el broche de oro, la culminación excelsa del sermón así que llegué casi al final.
Debo confesar que el trato que recibí apenas asomé mi delicada nariz me hizo sentir bastante extraño. Como que era Nicole Kidman llegando a un avant premiere con todas las miradas puestas en mí y mil saludos y atenciones. Pero a la vez como un aterrado explorador capturado por una tribu de caníbales. Osea con una avidez excesiva, un interés demasiado exagerado que, para ser sincero, me asustó. Hasta conseguí asiento aún con lo abarrotado del lugar y de que muchas personas estaban de pie. El predicador, lleno de euforia, con voz rebosante de fe, daba un sermón acerca del perdón. Como católico, pues iba receloso, pero al escuchar los sabios consejos que sólo expresaban amor al prójimo y buscar la redención haciendo el bien, pues traté de extraer lo positivo de la experiencia.
Allí estaba él, Víctor, muy cerca del predicador, con una sonrisa escuchando atentamente y dándome de vez en cuando una mirada furtiva. Me sentía un poco fuera de lugar pues mientras todos los presentes tenían sus biblias y cancioneros en la mano, yo sostenía mi Harrison, el libro de medicina interna, el cual consideraba mi “biblia”, pues era parte fundamental en mi formación profesional.
“Dios perdona a todos, queridos hermanos” exclamó el pastor sacándome de mis reflexiones, “Dios perdona a los asesinos, ladrones y homosexuales”, por un segundo traté darle importancia, pero miré a Víctor y no noté ningún cambio en su expresión, es más, participó con entusiasmo en el aplauso respectivo. No era que estaba esperando encontrar una iglesia gay-friendly o que digan bienvenidos todos los gays pero el hecho de que me metieran en el mismo costal que a asesinos y ladrones realmente me descuadró totalmente.
Terminó la prédica y el canto de Víctor, tan sublime, apaciguó temporalmente la sensación de frustración que sentía y, por qué negarlo, la de ofensa. Sólo conversamos un poco al salir pues ya era tarde y mucha gente lo esperaba.
Cuando nos volvimos a ver me preguntó qué me había parecido la experiencia en su iglesia y le dije que me había gustado hasta el punto en donde sentí que me ponían en un grado criminal que me parecía exagerado. “Es que estamos en pecado”, me dijo, “todo esto no está bien y algún día ha de cambiar” ¿Cómo era posible que algo que a mí me elevaba hasta los cielos y me hacía sentir tan puro, limpio, como nunca me había sentido, a él le hacía sentir que vivía en pecado y a punto de irse al infierno?
Sentí muchas cosas esa noche; frustración, cólera, tristeza, decepción pero sobretodo, sentí miedo, miedo a entregar mi corazón a alguien que luego podía decidir regresar al “camino correcto” y dejarme en el camino de la perdición y con el corazón roto, además.
Opté por lo más fácil, por protegerme inmediatamente, por no involucrarme más y allí mismo, en plena calle, oscura y solitaria le dije que lo mejor sería tomar rumbos distintos.
No podía luchar contra sus principios, sus creencias de toda la vida, con su fe; yo sólo podía ofrecerle mi amor y me estaba dando cuenta que eso era precisamente lo único pecaminoso en su vida: el amor de un hombre.
No me detuvo, pero las lágrimas en sus ojos me hicieron ver que eso no era fácil para él tampoco. Quiso que seamos amigos, que no me alejara de él, pero ¿cómo logras eso? Yo no podía. Necesitaba olvidar y dejar atrás ese sueño que había estado creciendo en mi.
Tal vez fui cobarde, algunos amigos dicen que cuando uno ama no hay obstáculos. Precisamente creo que fue eso, no lo amaba como se debe. Era un sentimiento bonito, una ilusión, un cariño, pero no verdadero amor.
Sabía que algún día él se daría cuenta que luchar contra lo que uno es, es renegar de lo que Dios nos ha regalado, y que lo que ese “pastor” decía era producto de la intolerancia, la discriminación y el egoísmo.
Dios nos ha puesto aquí a todos y cuando realmente nos respetemos y las dizque autoridades de las iglesias, cultos o creencias también lo hagan, pues las cosas irán mejor. ¡El amor lo es todo!
(Escrito por Umbriel)

LOVE IS ALL

domingo 20 de abril de 2008

UNA MAS DE PRIMOS

Casi siempre, nuestros primeros “amantes” suelen ser algún familiar cercano y en la mayoría de los casos, un primo. Bueno, hasta cierto punto es natural (?) porque dependiendo de la edad de nuestra iniciación son nuestros parientes lo que “más a mano tenemos” (¿o nos tienen?). Historias de primos existen muchas, cada quien tiene la suya, y yo no escapo a la regla.
Bernardo es mi primo hermano, siete años mayor que yo, en aquel entonces él contaba con catorce años recién cumplidos, era el típico adolescente surferito, de cabellos rubios, ojos verdes y cuerpo bronceado por tanto ir a la playa, vivía en San Antonio de Miraflores, una de las zonas más pitucas de Lima de aquel entonces. No se parecía físicamente en nada a mí, en realidad no parecíamos primos, pero nuestros padres eran hermanos. Una noche hubo una fiesta en mi casa, era ya muy noche y nos mandaron a dormir a mi cuarto, a mi cama. El no quería hacerlo, fue a regañadientes, a su edad ya estaba motivado por la música de moda, pero por sobretodo por el trago y en las fiestas de mi casa, eso era lo que siempre sobraba. ¡Qué fiestas aquellas!, con música pachanguera, mucho “tabaco y ron”, “los Pakines”, la salsa brava y el infaltable “caballo viejo”, los tíos cómo se divertían!!, yo los veía desde lo alto de las escaleras de mi casa, bailaban como locos haciendo sus piruetas como el famoso “reloj”, recuerdo los pisos encerados y brillosos acabar al día siguiente rayados y sucios, pero así eran esas fiestas. El hecho es que Bernardo fue con su padre (mi tío) a divertirse también, pero se encontró con gente mayor que no quería brindar con él por considerarlo aún un “niño” y eso era lo que más le enojaba, así que decidió hacer su propia fiesta, y asolapado en la cocina de la casa, se robó buena parte de las reservas de vino, de ron y de whisky y cuando mi tío se dio cuenta ya era tarde, Bernardo ya estaba mareado.
Es por eso que lo mandaron a dormir, y de paso yo también fui “castigado”. Así que entrando a mi habitación Bernardo se quitó la ropa renegando, camisa y pantalón cayeron tirados al piso, los zapatos volaron por los aires al igual que las medias, fue entonces que de mala manera me mandó arrimarme y se metió en mi cama. Recuerdo su olor (y también su aliento), esa mezcla de alcohol de los borrachos de cantina, pero también al de su perfume Old Spice. Ni bien puso la cabeza en la almohada se quedó dormido, y yo, niño, pero mañoso, aproveché la oscuridad de la noche para cumplir uno de mis sueños, tocar el cuerpo de mi primo Bernardo, el más guapo de todos mis primos, mi ídolo hasta entonces. Esperé un tiempo, minutos interminables y luego metí mano y toqué todo lo que quise, y por primera vez en mi vida sentí la erección de un adolescente, y me asusté al notar la diferencia de su cuerpo con el mío, pero me gustó. Bernardo despertó pero no me dijo nada, lo que pasó después, que les puedo decir, aprendimos muchas cosas los dos (¡mentira, yo le enseñé más!).
Después de esa noche, nos convertimos en cómplices de muchos encuentros durante varios años, tiempo en el que pude apreciar los cambios que sufre el cuerpo de un púber al de un hombre, el crecimiento de los vellos, tanto púbicos como en el pecho y piernas, la fuerza de los músculos de los brazos y pectorales, la barba nutrida y dolorosa en los besos cuando no estaba afeitada, el grosor de la voz y también los cambios de las costumbres, porque Bernardo ya no era un “niño” de catorce años cuando lo vi de esa manera por última vez, tenía veintiuno y yo para él seguía siendo su primito adolescente de “tan sólo” catorce años, pero bien vividos hasta entonces. Bernardo estudió Hotelería y se fue al Cuzco a trabajar. Está casado, tiene dos hijos que por mala suerte se parecen más a sus madres que a él (sí, madres!!!). Y colorín colorado este otro cuento del primo se ha terminado.
(Escrito por Oberón)

jueves 10 de abril de 2008

TUS OJOS EN LOS MIOS

Seguramente muchos de nosotros hemos olvidado los nombres de todos aquellos hombres que formaron parte de nuestras experiencias amorosas; pero lo que si logramos recordar y perfectamente es la “primera cita”, pero ¿cuántas primeras citas habremos tenido a lo largo de toda nuestra vida?, en mi caso muy pocas, pero sólo una que vale la pena recordar.
Fue un sábado de semana santa cuando lo vi por primera vez, esperé unos minutos antes de verlo aproximarse a mí, con su caminar suave y elegante. Nos conocimos por una página de internet casi un mes antes, tiempo en el que estuvimos enviándonos cartas contándonos nuestras vidas y quehaceres, nuestros anhelos y también nuestros temores, y uno de ellos era justamente ese, el vernos por primera vez. Porque durante todo ese tiempo no nos enviamos ni una fotografía, ni una webcam por la cual mirarnos, nada, todo eran letras en cartas interminables, pero a la vez, las más lindas que había leído en mucho tiempo.
Coincidíamos en gustos en música, pero yo me quedaba chico en relación a lo que él sabía de ella, su gran almacén cerebral contenía infinitos nombres de canciones, letras y cantantes, conciertos, etc. pero lo más sobresaliente (al menos para mí) es que eran canciones en inglés, claro, reconozco que lo he estudiado, pero a ser una enciclopedia de música en inglés, solo él. Por supuesto tenía su género predilecto, el rock & pop y también su grupo favorito, mejor dicho, era un fanático de él, me habló de todos los discos originales que tenía, que los cuidaba como oro y se le iluminaban los ojos al hacerlo, hasta hoy, hasta siempre. Al cabo del tiempo, cuando ya estuvimos juntos yo incrementé sus gustos y le introduje nuevos cantantes, mis favoritos, como Michael Bublé, Josh Groban & Sarah Brightman, por mencionar a los más conocidos porque fueron más. Hoy al igual que yo también los escucha, y hasta me ha “robado”, por llamarlo así, la primicia de hablar de estos cantantes con nuestros amigos, no importa, el amor lo aguanta todo, hasta esa “piratería”.
Pero volviendo al día, y a la hora, sobretodo a esta última, once y media de la noche, casi domingo, yo saliendo del trabajo, él aún en el (de guardia). Pero eso no importó mucho para que nos citemos, porque era eso, la primera (y la más importante) de las citas. Fui directamente hacia el punto de encuentro, lo llamé a su celular desde una cabina telefónica situada en la esquina de su trabajo, hasta ese entonces no había pensado tener un celular, ¿para qué? me preguntaba, después de ese día, era lo que más quería, lo necesitaba!!!... felizmente lo obtuve fácil, a los días ya tenía uno, antiguo, un regalo, todo un ladrillo mi celular, pero servía y cuánto!!! éste me acercaría a él.
Y entonces, después de llamarlo, lo esperé parado en una esquina, cual novio a punto de casarse o cual reo a punto de morir, dependiendo si al vernos por primera vez nos gustaríamos o simplemente pasaríamos a ser el típico pata “buena gente” ante los demás. Y entonces, esos minutos eternos desaparecieron cuando lo vi aproximarse, y fue entonces que estando a tan solo un metro de distancia el uno del otro, sentí su voz llamándome por mi nombre y una mano aproximándose a la mía, pero lo más hermoso… me vi reflejado en sus ojos, grandes y hermosos, y supe desde ese instante que era él a quien había estado esperando toda mi vida.
La cita que duraría unos minutos, porque él seguía de guardia, se prolongó hasta más de las tres de la mañana, los dos dentro de mi carro escuchando música (como olvidar la primera que sonó al prender la radio: True Love, de la novela coreana “Todo por Eva” una de mis favoritas!!!) y hablando como si nos conociéramos de años, como grandes y antiguos amigos, hasta ese entonces nada estaba dicho, pero ya se predestinaba un futuro juntos.
Al llegar el momento de la despedida, él bajó de mi carro y me volvió a dar la mano, yo la sujeté fuerte y traje todo su cuerpo hacia mí dándole el primer beso (un piquito) en la boca y así coroné esa primera cita, la mejor que he tenido en mi vida.
Esa tarde, nos volvimos a ver, y así empezó lo que hoy 10 de abril de 2008 ya lleva cuatro años…
(Escrito por Oberón)

SALVACIÓN

Tú irrumpiste en mi puerta,
capturaste mi destino... mi salvación.
Mis ojos no podía ver, apenas si respiraba... mi salvación.
Unos sólo sufren, otros tienen suerte como yo al encontrarte.
Quédate aquí
Salvation, Per Gessle.

Han pasado cuatro años desde que sus ojos se toparon con los míos y me vi reflejado en la más dulce de las miradas, de la cual ya no quiero irme nunca. Sé que él algún día les contará cómo fue ese primer encuentro y no es que no lo recuerde. Tengo grabados cientos de detalles que hicieron ese encuentro una experiencia única. Siempre nos hemos asombrado de que hubieran tantas circunstancias que propiciaran nuestro acercamiento inicial. La hora, el lugar, la música que nos acompañó (gracias Telestereo), pero sobretodo el encontrarnos cuando nada nos oprimía, cuando habíamos podido despojarnos y dejar atrás nuestras malas experiencias, nuestros miedos, nuestras inseguridades que tantos malos pasos nos habían inducido a cometer. Creo que eso es fundamental. Teníamos el corazón y la mente abierta pero nuestras garras estaban bien cortaditas para no aferrarnos irracionalmente al primero que nos gustara. No, ya habíamos pasado por eso. Coincidimos en conocernos cuando nuestras expectativas eran conocer a alguien en el sentido más completo para luego dejar que el corazón se entregue. Ya habían pasado muchas lágrimas, habíamos descendido hasta el mismo infierno, con las decepciones, los desencantos y fracasos. A veces pensábamos que ya no había opciones, que el amor no existía y que al final acabaríamos solos. ¡Qué suerte que estábamos equivocados! Hoy, cuatro años después seguimos juntos, con muchas ganas de seguir amándonos mucho tiempo más, con muchos planes y proyectos juntos. Me siento afortunado, encontré a alguien muy especial con quien compartir mi vida y hacerla mucho más agradable y plena. (Escrito por Umbriel)

martes 8 de abril de 2008

LA ROSA BLANCA

“España, lugar al que cualquiera de nosotros quisiera conocer e ir para encontrarse en un mundo diferente, lleno de historia y majestad, cualquiera, menos yo....”
Era un día soleado, acababa de descubrir que el amor que pensé que tenía para mí, ya no lo era, estaba frustrado, triste y sobretodo solo. Caminar en esas circunstancias solo te puede conducir a dos caminos: al de la vida o al de la muerte, y yo más que todo me aferré a la primera opción, siempre he pensado que en este mundo todo rebota. Iba a poca velocidad por una calle poco concurrida, cuando de pronto se me atraviesa cual espejismo, un hombre.
Menudo susto el que tuve que pasar al frenar en seco, pero maniobré con tal destreza que solo atine a suspirar y secarme el sudor frío que me había brotado en la frente. Él, menudo, me miró aún más asustado que yo. Traía una mochila en la espalda y una guía turística en las manos.
Aunque solo fue un pequeño instante el que lo vi, su imagen frágil quedó en mi mente y esa noche llegué a mi casa más tarde que de costumbre, manejé todo el resto del camino lo más lento que pude. Cuando ya me hube acostado, el sueño tardó en llegar muchas horas después, felizmente al día siguiente no tenía que ir a trabajar.
Ese sábado no fue el mejor comienzo de un fin de semana, pasé el día aun melancólico por no tener a mi lado a Héctor, sin embargo, una llamada para una reunión de amigos me levantó el ánimo y esa noche me dispuse. Al llegar al lugar indicado, un bar en medio de la bulliciosa Miraflores, los encontré a todos brindando, me hice al grupo rápidamente, cuando estaba alzando la copa para brindar, una mirada atravesó el amarillo líquido de mi brindis, sus ojos, esos que ya había visto por un instante estaban en mí. Bajé mi copa y me encontré con aquella silueta formada ya con la oscuridad del lugar. Me había reconocido al igual que yo a él, solo existían unas mesas de por medio.
Cuando pude me puse de pie y me acerqué a él, obviamente no estaba solo, un amigo lo acompañaba, casi sin dudarlo lo saludé ya de cerca, me miró fijamente, respondió mi saludo con un apretón de manos, y por fin pude escuchar su voz, se llamaba Ariel y era argentino.
Realmente no me di cuenta cuando se fueron mis amigos del bar, y es que en compañía de Ariel me sentí muy cómodo, él estaba tan solo por tres meses en casa de su amigo peruano que vivía muy cerca de la mía, eso me di cuenta cuando me ofrecí a devolverlos a casa. La anécdota que nos llevó al encuentro fue el detonante para iniciar una muy bella amistad que fue fortaleciéndose a medida que el tiempo transcurría. Ariel tenía la sensibilidad que yo necesitaba en aquel momento de mi vida, me dijo lo que yo necesitaba escuchar y me regaló el tiempo y el cariño que ansiaba desde un tiempo atrás. Y no es que me esté quejando de Héctor, pero esa relación ya se veía caer pero yo no quería darme cuenta de ello. Ariel, comprendió perfectamente esa situación porque, como me contó él, estaba escapando de un pasado semejante que había dejado en su Córdoba natal. Entre tanto conversar de nuestras vidas comunes, nuestros amores pasados, sin darnos cuenta nos fuimos inmiscuyendo poco a poco hasta descubrir que ya lo nuestro no era una simple amistad, sino que habíamos vencido esa barrera. Lo amaba con todas mis fuerzas y sabía que él también sentía lo mismo.
Había pasado el 14 de febrero, fecha mundialmente conocida por ser el día más romántico del año, cuando me animé a decirle acerca de lo que estaba sintiendo, que tenía miedo de sentirme así, pero que creía que era maravilloso. No necesité decir más para recibir la respuesta ya sabida, un 15 de febrero empezaba una de las relaciones más pasionales que pude haber vivido. De hecho que los días subsiguientes fueron increíbles, habíamos logrado la química perfecta, yo me sentía muy bien a su lado, había muchos momentos de cariño y mucho amor, en retribución yo también lograba compensar al pasado que desde que nos conocimos había dejado de existir. En poco tiempo rehíce mi existencia, y eso lo logré gracias a Ariel, mi otro amor había quedado atrás, y yo creí en ese entonces haber encontrado al amor de mi vida.
De pronto el momento decisivo para ambos se hizo presente, Ariel continuando con su periplo de estudios tenía como destino España, específicamente Barcelona, y allí tenía que irse en pocos días, yo por el contrario, por esas cosas del destino tenía un viaje programado al sur, hasta llegar a Bariloche, en Argentina. Ambos nos íbamos a separar momentáneamente, pero con la certeza de que en dos meses nos volveríamos a juntar en Córdoba, allí yo empezaría a estudiar la maestría y así viviríamos juntos. El día llegó y con un dolor muy grande me despedí, sin quererlo, para siempre de él. Nunca más lo volví a ver.
Le escribí muchas cartas que no tuvieron respuesta, me empecé a preocupar del porque de ese silencio tan así de pronto, cuando por el contrario debíamos estar más unidos que nunca porque después de ese viaje nos convertiríamos en una pareja establecida. Había mucho que planear. Pero, él no escribía ni una sola letra.
Entonces mi corazón me empezó a anunciar que algo muy grave habría pasado, cuando al fin una postal llegó a mi casa, no cabía de la felicidad tan grande que me causó aquel pedazo de cartón impreso (ahora lo veo así), aún lo conservo como prueba de que Ariel alguna vez existió en mi vida. En aquella postal me mencionaba donde estaba y sus planes más cercanos, ni una palabra de amor. Pero aún así yo lo amé mucho aquel día, y con aquella postal donde la figura mostraba un paisaje marítimo: Torremolinos (como olvidarte) pegada al pecho me dormí feliz de saber que él estaba sano y que me había escrito una postal. Ahora que lo estoy reviviendo, trayendo a mi memoria aquello que guardé por mucho tiempo para no sufrir, me pregunto ¡cómo pude enamorarme así!, y no tengo otra respuesta que, uno no se enamora de quien debiera, simplemente... se enamora.
Y los días siguieron pasando, a casi un mes de su viaje, y cuando pensé que él ya habría llegado a Córdoba, le escribí nuevamente, fue mi última carta de amor. La siguiente, fue reprochándole el silencio, la mentira en la que me estaba teniendo, el no amarme como me lo había hecho creer. Le dije que aunque por cruel que fuera, debiera decirme la verdad, que yo lo entendería, más no entendía el porque de ese espacio en blanco entre los dos. Que no quería seguir soñando, y que por el contrario, lo estaba empezando a odiar.
Para mi sorpresa esa carta sí tuvo respuesta inmediata, y lo que mi corazón me lo había estado anunciando, solo se confirmó, sufrí mucho la mentira, la hipocresía y la falta de amor para alguien que le había dado todo lo más hermoso que tenía, sin embargo, allí estaba él contándome la historia más hermosa y más romántica que jamás nadie pudo contarme.
“Apenas había terminado de depositar la postal que te envié, tuve muchas ganas de pensar en mi vida y me fui a aquella playa en Torremolinos que se ve en la fotografía de la postal, me senté en la arena y mirando como el mar jugaba, me puse a llorar pensando en todo lo que me había pasado, cómo estaba allí tan solo en España, tan lejos de mi familia, de mi pasado y de ti, y sentía que te amaba. Entonces fue cuando escuché una voz llamándome por mi nombre y que reconocí inmediatamente, al dar la vuelta me encontré con la imagen del hombre al que le entregué diez años de mi vida, traía una rosa blanca en la mano, corrió hacia mí, y yo salí a su encuentro, nos dimos el beso más hermoso que jamás pudimos habernos dado, era el escenario perfecto, el Sol estaba cayendo...” .
Con lágrimas en los ojos, me di cuenta que lo había perdido, que mi amor por él si había sido verdadero, pero que el suyo fue un engaño a su propio corazón, no pude reprocharle nada, me puse en su lugar, me situé sentado en la arena, en España, tan lejos de mi vida, triste y solo, y la voz de Héctor llamándome con amor, también habría hecho lo mismo, entendí ese argumento, lo perdoné, pero el silencio tan prolongado nunca lo entendí, nunca lo perdoné y creo que jamás lo olvidaré. E P I L O G O Fueron muchos meses los que pasaron desde aquella carta hasta la que recibí después, me trataba como a un amigo, y yo sin quererlo lo había apartado de mi vida. Para mi felicidad la presencia de alguien muy hermoso hizo que olvide rápido a Ariel, y sobretodo que recobre mi autoestima caída a menos. Como son las cosas, Ariel no duró mucho con el hombre de la rosa blanca, lo último que supe de él fue que se volvió a enamorar y que debe estar muy lejos de España, de Argentina y por supuesto de mi vida.
(Escrito por Oberón)